La
Concertación ha muerto
Carlos
Albornoz, psicólogo, calbornozp@netexplora.com
, nnacido en 1975.
El
cuarto gobierno de la concertación no es posible. La nueva
etapa requiere de profundos cambios en el estado de animo con el
que revisamos la historia. Sus nuevos lideres tendrán que ser
capaces de discriminar muy bien entre que es bueno para el país
y que está teñido de odiosidad y egoísmo. Algunas preguntas
formuladas por Halpern ayudan a provocar el inicio de la reflexión:
¿Está preparada la Concertación para el día
en que la gente opte por una alternativa distinta? O acaso, ¿alguien
piensa que ese momento nunca debiera llegar?.
Estas
preguntas las formuló Pablo Halpern en el diario La Segunda
al comentar las tentaciones que experimenta el “viejo Chile”
cuando la coyuntura entrega ventajas a una u otra bandera política.
Esto fue en un escenario que el mismo Halpern inventó cuando
sentó a Frei y a Lavín a presentar su ultimo libro. Al
parecer, tan original idea le provocó mas de alguna incomodidad
al autor del libro “Los Nuevos Chilenos”.
No
me interesa referir aquí, aunque es tentador hacerlo, la
tranquilidad con que Halpern recibe la idea de que Lavín
pudiese ser presidente de Chile algún día. Da la impresión,
en un comentario apurado, que Halpern olvida que Longueira está
en lo ideológico muy cerca de Le Pen y, en cualquier lugar del
mundo, por muy creyentes en la alternancia, no se está
preparado para que gobierne alguien así.
Pero
como dije, no me importa comentar los dichos de Halpern, no
obstante como provocación para pensar en pluralismo y
tolerancia, considero que son preguntas que se asientan en lo más
profundo del sentido democrático de los chilenos. Y en ese
marco, lo que me interesa es ocupar sus preguntas para
reflexionar sobre el bien común de nuestro pueblo.
Chile
es un país pequeño, de personas que se conocen bien, pocos
colegios importantes, gran concentración de la riqueza y círculos
estrechos. Nada muy alentador para un país que pretende
alcanzar el desarrollo económico y cultural.
Pero
ese mismo pequeño país entrega también ventajas. Una de ellas
es en mi opinión, lo simple que puede resultar conducir a Chile
por uno u otro camino. Diría que somos una familia poco
numerosa y con roles bien definidos, una familia donde sus
integrantes mas generosos pueden tomar distancia de las peleas
mas profundas y dar el primer paso para regenerar las relaciones
rotas.
Con la reciente renuncia de Pinochet al
Senado, el capítulo chileno de la transición a la democracia
se ha cerrado. Ahora, despejadas las odiosidades, nos queda
mirar en perspectiva histórica lo pasado y sacar de él
lecciones al servicio de Chile y su gente.
En
mi opinión una lección relevante tiene que ver con el
reconocimiento que debe hacerse de los abusos cometidos antes
del 11 de septiembre de 1973 durante la Unidad Popular por la
izquierda chilena. Una etapa donde se violentó valores
preciados por otros, haciéndolos sentirse amenazados en su
forma de vida. La izquierda, en esta nueva etapa, debiera poner
al servicio del país su vocación pluralista y avanzar en
comprender como hizo sentir a otros en 1970, cómo los violentó
y excluyó. Desde ahí es posible disminuir la distancia que
existe entre el Chile de hoy y
la diversidad, solidaridad y tolerancia que esperamos
para el Chile de mañana. No significa justificar, bajar el
perfil de la historia o enmarcar lo ocurrido. Significa, con
distinciones claras, asumir errores para no volver a repetirlos.
El
cuarto gobierno de la Concertación no es posible. El proyecto génesis
de la coalición se construyó con data de término. Y es lógico,
las condiciones objetivas de antaño no permitían proyectar a más
de 10 años. Pero esto último no significa en absoluto la
llegada de la ultra derecha a La Moneda. Muy por el contrario,
debe comenzar la construcción del proyecto que gobernará Chile
a partir del 2006.
Independiente
de quiénes encarnen el nuevo proyecto, soberana de los hombres
y mujeres que hagan realidad las nuevas ideas, la Concertación
ha terminado su tarea y el 2006 necesariamente comienza una
nueva etapa para Chile. Con nuevas reglas, nuevos hombres y por
qué no, nuevas alianzas. No realizar esta distinción puede
llevar a las fuerzas progresistas a una derrota histórica, que
de producirse, puede ser muy difícil volver a encontrar los líderes
que cambien el estado de su gente.
Pero
concluir una etapa es un proyecto que requiere visión, convicción,
humildad y trabajo. Es un proyecto que comienza por discriminar
cuidadosamente que es lo mejor para el Chile que comenzamos a
construir. Y en mi opinión, ese proceso comienza con el
reconocimiento histórico de la izquierda democrática de cuanto
daño hicimos a Chile con nuestras intransigencias del pasado.
Chile
será muy distinto con ese reconocimiento. Nada tiene que ver
aquí nuestra contraparte histórica, la actitud de ellos no
debe condicionar el avance de quienes somos responsables del
bienestar de Chile. La izquierda debe tener con razón, el
patrimonio del pluralismo y la tolerancia, dos valores que
comenzando el siglo XXI cobran máxima relevancia, ya que
dependerá de la capacidad de los pueblos para aprender de sus
errores la posibilidad de los mismos de insertarse con éxito en
el mundo que viene.
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