"Mujeres
y política:caminando hacia la
igualdad"
H.
Diputado Fulvio Rossi Ciocca, frossi@congreso.cl,
Médico cirujano, nacido en 1970.
“No
se nace mujer: llega una a serlo” esta célebre frase escrita
por Simone de Beavoir en “El Segundo Sexo” resulta
fundamental a la hora de entender que las diferencias entre
hombres y mujeres poco tienen que ver con la naturaleza.
La frase nos habla de una construcción social y como tal está
condicionada por el tipo de sociedad en que vivimos. Vivimos en
una sociedad patriarcal que, apoyándose en supuestas
diferencias naturales entre hombres y mujeres, ha convertido
estas diferencias en desigualdad. La mujer no es sólo vista
como un ser distinto sino también inferior. Resulta increíble
pensar que a comienzos del siglo XX las mujeres ni siquiera se
consideraban dignas de poner un voto en una urna, se les negaba
el acceso a la universidad y la máxima aspiración que tenían
era casarse y convertirse en madres abnegadas y buenas dueñas
de casa. En este sentido, la propuesta teórica de Kate Millet
nos aporta aspectos fundamentales a la hora de analizar la
discriminación y sometimiento que sufre la mujer en la cultura
patriarcal.
Por
un lado, el tomar la vida privada como parte de la dominación
política del patriarcado permite atender que la mujer no solo
logrará liberarse ganando más espacios públicos como de hecho
ya lo está haciendo, sino que también debemos darnos cuenta
que gran parte de la dominación de la mujer se da en el
ámbito privado. El lema “ lo sexual es político”
nos señala cómo el patriarcado ha fundamentado su dominación
sexual, donde la mujer pasa a convertirse en objeto de placer
sexual para el hombre. Es por ello que sólo cambiando las
estructuras de la vida privada es posible que la mujer logre
liberarse completamente.
Si
hacemos una revisión de lo que significa ser una mujer moderna,
podemos ver como los medios de comunicación nos bombardean con
la imagen de la “supermujer” que no sólo es profesional
sino por sobre todo es madre y esposa. Debe tener la capacidad
de rendir en todos los ámbitos, al contrario, el hombre dentro
del hogar suele desempeñarse sólo como un colaborador.
El
machismo persiste y no se da por vencido. Podemos ver día a día
la discriminación que sufre la mujer ya sea en forma explícitamente
violenta como ocurre en los países con religiones
fundamentalistas, o en formas más sutiles, pero a veces mucho más
dañinas y difíciles de combatir, porque se instalan con la
falsa apariencia de naturalidad. Si analizamos cómo, a lo largo
de la historia, la mujer ha sido excluida de todas las esferas
de poder (político, científico e intelectual), podremos ver
que la lucha que ha debido librar durante siglos ha sido
realmente importante y no son menores los avances que han
logrado.
Las
mujeres han logrado realizar grandes cosas, pero para ello
debieron olvidarse de su condición de mujer que la sociedad les
imponía, pues sino hubiesen quedado inmovilizadas, recluidas en
el ámbito de la vida privada. Pero aún falta mucho camino por
recorrer. La democracia no será verdadera democracia si no se
incorpora en forma igualitaria a la mujer a los ámbitos de
poder. Para ello, lo que algunas feministas denominan
discriminación positiva podría ser una herramienta útil y una
reivindicación justa si pensamos que las desigualdades aún
persisten y que el hombre por el sólo hecho de ser hombre ya
tiene ganancias en esta sociedad. No debemos olvidar, sin
embargo, que no todas las mujeres tienen conciencia de género,
y no hay que culparlas, el hecho de haber sido socializadas en
una cultura patriarcal, hace que vean como algo natural su
condición de madres y dueñas de casa.
No
olvidemos que es en la escuela donde se internalizan las
diferencias entre niños y niñas, entre lo femenino y
masculino. Es a través de los libros de historia centradas en
el dominio masculino donde los niños y niñas aprenden una
historia que no ha tomado en cuenta a la mujer y que se ha
limitado a ser una historia de los hombres y donde la mujer sólo
es mencionada en forma secundaria. Por ello, es en la escuela
donde deben producirse los primeros cambios que posibiliten una
educación en igualdad.
Las
transformaciones sociales son tan necesarias tanto para la mujer
como para el hombre. Por eso con la voluntad y tenacidad de
tantas mujeres y el esfuerzo sincero de muchos hombres que
quieren ver en la mujer una compañera y no una sierva, una
nueva sociedad será posible.
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