De
la revolución de la chaucha a ¡¡chaucha que viene los pacos!!
Pablo
Gutierrez, Abogado
, nnacido
en 1973
Desde
hace un tiempo incluso algunos medios de prensa, gobernados por
maestros del dramatismo y la analogía simple, han buscado
homologar varios movimientos sociales a hitos de la historia
nacional, algunos de épico sabor y otros de amargo recuerdo.
Por ejemplo, han relacionado a Mayo del 68 con las primeras
movilizaciones universitarias en democracia, al paro de los
camioneros de Moya con la paralizaciones de sus antecesores en
la época de Allende. Recientemente se compararon las
movilizaciones secundarias de las últimas semanas con la
llamada revolución o sublevación de la chaucha. Más allá de
la necesidad ociosa de algunos medios de forzar analogías, los
lectores tenemos la oportunidad de darle una amplitud mayor a la
evocación graciosa de imágenes en blanco y negro con el Chile
actual. Así, podemos comparar las movilizaciones secundarias de
hoy con lo que ocurría en el país de la Revolución de la
Chaucha en 1957.
El
2 de abril de 1957 gobernaba el país don Carlos Ibáñez del
Campo, caudillo de un movimiento contra los partidos políticos,
producto de una reacción a tres períodos presidenciales
consecutivos de gobiernos radicales. El historiador Gonzalo
Vial, caracterizado por su vehemencia y
falta de neutralidad, define a este período como de
“reacción antipartidos”. La escoba y la corrupción
fueron los eslogans de moda (algo así como ‘Viva el cambio,
fuera los radicales’ o ‘TOCORA: todos contra los
radicales’) y el caudillismo-populista el medio. Ibáñez se
impuso a los demás candidatos de la mano de un par de partidos
virtuales, e incluso de socialistas al mando de Raúl Ampuero.
Lentamente
las fuerzas conservadoras y católicas cedían paso a la nueva
expresión de las capas madias y populares chilenas que, aunque
profundamente católicas, se comenzaban a hastiar de las
promesas de partidos tradicionales. 1957 fue también el año
del nacimiento de la Democracia Cristiana (28 de Julio). El
centro político comenzaba a fortalecerse con visiones
humanistas. Se superaba la falange. En las mentes de los
presentes en aquel evento se soñaba con ver al
socialcristianismo gobernando nuestra patria. Se superaría con
creces ese sueño cuando en las cuatro décadas que siguieron el
país tuvo tres presidentes DC, dos de ellos vinculados
familiarmente. Junto al nacimiento del PDC, el fútbol nacional
conocía a un nuevo campeón. Audax Italiano se coronaba con el
primer lugar del torneo nacional, seguido de la Universidad de
Chile en el segundo lugar (hay cosas que nunca cambian). No
conformes con ello, el 24 de enero en el estadio Centenario de Montevideo, los chilenos
golearon 4-1 al conjunto brasileño con dos goles de
Hormazábal, uno de Meléndez y otro de Leonel Sánchez.
Maurinho descontó para Brasil. Lo mejor de todo es que no
había ningún escándalo en ciernes de desfalco en el fútbol,
y los clubes nacionales permitían disfrutar del deporte pasión
de multitudes. De hecho, es esa época tan extraña los
dirigentes deportivos dormían en su casa y no en la cárcel.
Ese mismo año se llevó a cabo
un nuevo Congreso de Unidad del PS, después de haber apoyado a
candidatos diversos en las elecciones presidenciales de 1952.
Salomón Corvalán fue electo para dirigir los destinos
partidarios hasta que en 1961 las fuerzas socialistas perdonaron
a Raúl Ampuero y lo eligieron consecutivamente hasta casi el
final. Lo cierto es que en el corto plazo, el PS se volvió a
unir y desunir tantas veces que muchos estudiosos concluyeron
que la división constituía su estado natural. Por cierto, hoy
la unidad no es un problema prioritario del PS. Muy por el
contrario, el partido ha demostrado en la última década ser el
más monolíticos de los miembros de la Concertación.
En 1957 también se fundó la
FLACSO, falleció Gabriela Mistral y Jorge Alessandri Rodríguez
terminó su último período como presidente de la
Confederación de la Producción y del Comercio (CPC) y comenzó
a preparar su “incursión (¿inversión?) en política”.
Desde entonces Volodia Teitelboim era candidato al premio
nacional de Literatura. Más allá de nuestras fronteras, una
insignificante colonia declaró su independencia, nació la
República de Malasia.
Por esos días la Santa Sede
confió al Opus Dei la prelatura de Yauyos, en Perú. No habían
transcurridos más de siete años desde que Pio XII les
concedió la aprobación definitiva, que esa organización
permitió que personas casadas fueran admitidas. Dos años antes
se sentaron las bases de Universidad de Navarra en España, el
que llegaría a ser centro neurálgico del Opus Dei bajo el
férreo yugo de Escribá de Balaguer, quien operaría bajo la
mirada atenta del líder Francisco Franco. Su aún
insignificante poder no le permitía aspirar más que a alguna
influencia en tiranías como la franquista, aunque sabía que a
través de la educación de las clases acomodadas tendría la
posibilidad de acceder democráticamente al poder décadas
después.
En
1957, nuestro conspicuo Augsto Pinochet fue destinado a Quito
para colaborar en la instauración de la academia de Guerra de
ese país. Muchos pensamos hoy que es lamentable que los aviones
como el que llevó a Gardel en fatal viaje final hayan sido
descontinuado. En Chile, una pujante y decida institución
adoptó, dos años antes, la decisión de extenderse por todo
nuestro país. En 1957 el Hogar de Cristo abrió sedes en
Antofagasta y Los Ángeles.
En
este contexto, unas alzas de precios, incluida la locomoción
pública, generaron la ira de los estudiantes y los obreros los
días primero y dos de abril de 1957 en las ciudades de Santiago
y Valparaíso. Repito
y recalco “estudiantes y obreros”. O sea, una parte de la
sociedad que produce, genera riqueza y mantiene las familias de
la que venían los estudiantes, encontraron la inmediata
solidaridad y apoyo en los estudiantes. Jamás los estudiantes
plantearon mantener un privilegio sólo para ellos, sino que
buscaron la creación de una figura que permitiera alivianar la
carga económica de todas familias. El enfrentamiento sangriento
se produjo con los militares, no con los carabineros. Este
llevó a la muerte a más de veinte personas. La espiral del
enfrentamiento llevó a los manifestantes a buscar formas de
esconderse o intentar detener el avance de los lanceros, tan
famosos y tan temidos.
De
todo lo narrado, hoy ni las pailas. Los estudiantes no tienen
organización alguna que los represente. Tan burda fue esta
realidad que sólo después de destruir varios millones de
infraestructura pública y privada, los estudiantes se acordaron
de entregar sus peticiones a la autoridad gubernamental. Les da
lo mismo herir a un peatón, carabinero o camarógrafo. Da lo
mismo asaltar la tienda “Feoruch” o rayar por “La
Grecia”. A nadie le asombra que busquen reivindicar propuestas
que beneficien a un solo sector. Aquí parece que las fuerzas
progresistas, conservadoras y del hard punk se tornan en una
masa amorfa que demuestra sólo ira y descontrol, sin claridad
de liderazgos y con un desprecio absoluto al sistema
democrático.
No
añoro un sistema superado ni mantengo una visión reaccionaria
respecto a un movimiento emergente. Si ponemos en perspectiva la
misma movilización, el mismo lugar y tiempo, con la realizada
por los habitantes de Coronel,
tenemos claro que aquellas formas que conservan en su historia
intacta la claridad que los medios y fines no son indiferentes,
rescatando los más gallardo de la izquierda chilena, que
enfrentaba con valentía y responsabilidad a militares armados,
vemos que desde el Chile de ayer han pasado muchos cambios en el
fútbol, la caridad, las sectas y los partidos. Pero permanecen
vívidos los requerimientos de mantener movimientos sociales
comprometidos, solidarios y libertarios. Ellos y solo ellos
pueden pasar a la historia como la revolución de la chaucha y
no como una imagen anecdótica de un encapuchado con botella al
ristre gritando: “¡¡¡chaucha que viene los pacos!!!”
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