Free Web Hosting Provider - Web Hosting - E-commerce - High Speed Internet - Free Web Page
Search the Web

Corporación Tercer Milenio

 

Armado de ideas

Pronto estaremos en www.partisano.cl

 

Para que el Príncipe ayude al Mendigo

Francisco Javier Díaz, Abogado y cientista político , nacido en 1971.

 El gobierno del Presidente Lagos es un buen gobierno. Si hiciéramos un ejercicio comparativo y tuviéramos que clasificar a los gobiernos del mundo dentro de dos polos, el polo de los buenos gobiernos versus el polo de los malos gobiernos, ciertamente el gobierno de Lagos clasifica dentro de la primera categoría sin dificultad.

 El Presidente es escuchado y respetado, y su calidad de estadista es reconocida a nivel nacional e internacional. Su gabinete está compuesto por profesionales de primera línea, muchos de ellos figuras políticas dentro de sus propios partidos. Técnicamente, el gobierno posee una elite de alta calificación que es capaz de administrar el país como ninguna otra elite lo hace en Latinoamérica.

 La economía está bien llevada, sobresaliendo Chile entre las naciones emergentes y destacando, con creces, dentro del continente. El desempleo, en pleno período de crisis mundial, apenas llega al 10%, mientras que el gobierno se puede dar el lujo de mitigar el paro a través de programas de empleo directo de emergencia, sin que ello redunde en presiones inflacionarias.

 Los niveles de corrupción son bajísimos, mientras que la transparencia en la gestión pública es la regla. Se desarrollan diversos proyectos de infraestructura que darán soporte a un nuevo salto en la estructura productiva del país en los próximos años. Se modernizan las ciudades, se construyen carreteras; se renuevan puertos y aeropuertos. Se acometen revolucionarias transformaciones en salud, educación y poder judicial, no sin los retrasos propios de toda reforma de importancia que pretende ser duradera. La autoridad es respetada, las instituciones funcionan. La gente paga sus impuestos. La delincuencia está aún controlada.

 O sea, un buen gobierno.   

 Por otro lado, es evidente que el gobierno del Presidente Lagos, no obstante vacilaciones puntuales --y por cierto legítimas-- sobre determinados aspectos,  tiene clara las cosas y el norte que persigue. En tiempos de consenso tecnocrático e indefinición ideológica, al menos es posible distinguir perfectamente entre las prioridades del gobierno de la Concertación y sus diferencias con un gobierno de Derecha. Es evidente que allá están los intereses económicos y acá los intereses sociales. Que allá se encuentran las visiones más reduccionistamente neoliberales, mientras que acá está el pragmatismo de mercado y la responsabilidad social. Allá están las Isapres, aquí está un sistema de salud algo más decente y transparente. Allá están los sostenedores de los colegios subvencionados y las universidades de lucro, acá está el orgullo por la educación pública, las universidades tradicionales y las buenas universidades privadas. Allá está el que contamina paga, acá está el que entiende que es malo contaminar. Allá está el conservadurismo religioso y moral, acá está la tolerancia. Allá están los patrones, acá está la democracia.    

 O sea, un gobierno con sus prioridades claras.

 Si esto es así, ¿porqué entonces un buen gobierno, que a ojos de cualquier observador impulsa reformas que priorizan a las mayorías, es apreciado con ojos de recelo y a veces hasta antipatía por la gente? O para ponerlo en términos más concretos, ¿alguien duda que si hiciéramos una encuesta y preguntásemos a la población “quién cree usted que defiende a los pobres”, Joaquín Lavín no ganaría? 

 ¿Porqué la sensación de que el gobierno no sintoniza con la gente? ¿Porqué si la gente lo que quiere es más protección social, mejor salud, mejor educación pública, quiere que no abusen con ella en sus trabajos, que no la esquilmen las Isapres, que no le cobren intereses usureros las grandes tiendas, que la protejan en sus contratos, que no se segreguen las ciudades, que no se discrimine, que se proteja a la mujer, que haya ley de divorcio, y nosotros le damos precisamente eso, o al menos, la oportunidad de acceder razonablemente pronto a eso, la gente no nos cree y no entiende que basta leer los escritos de Libertad y Desarrollo para darse cuenta que la Derecha no hará nada que perjudique los intereses de la minoría económica y conservadora?

 Evidentemente tenemos una falencia comunicativa, la cual explico básicamente por dos factores: primero, porque no hemos hecho todo lo posible para resituarnos en nuestro rol como agentes de cambio y pusilánimemente nos hemos dejado colocar en el peor de los bandos imaginables: el bando de los “políticos”. Y segundo, porque hemos hecho tonteras. Todo ello se da en un contexto de permanente desdén por los mensajes que nos envía la gente y por un obrar, precisamente, en opuesta consecuencia. Todo ello configura un cuadro donde nosotros aparecemos como la autoridad, cierto, pero también como los poderosos, cuando de lo que se trata es de comunicar lo contrario. Tenemos que convencer a la gente de que es la Derecha la que defiende a los ricos y que somos nosotros, el gobierno, el “Príncipe” como diría Nicolás Machiavello, los que defendemos al mendigo.

 Los políticos y el cambio

 En Chile siempre ha existido desconfianza hacia los políticos. Quienes se vanaglorian del avanzado y maduro sistema de partidos que existe en Chile, olvidan que la gente siempre ha tenido una actitud de recelo y desdén hacia los políticos. Incluso los políticos no confían en los políticos. Es sabido que ni Lagos ni Frei Ruiz-Tagle  confían a ciegas en sus partidos. Pinochet derechamente no creía en los partidos. Allende recelaba de su Partido Socialista, mientras que Alessandri es el principal causante de la debacle de la Derecha en los sesenta. Ni hablar de Ibáñez del Campo, quien ganó precisamente gracias a su campaña de “la escoba” contra de los políticos.

 En este contexto, los concertacionistas hemos tenido la poco brillante idea de tolerar que seamos identificados exclusivamente con el “club de los políticos”. De promover la participación y la democracia en los 80, hemos pasado a promover las prácticas políticas más aburridas y rechazadas por la población. Nuestros méritos son deméritos para el resto. Nuestros discursos son vacíos, largos e ininteligibles. Nuestros líderes partidarios son vistos como sujetos anticuados y faltos de carisma.

 La gente nos lo dice en las encuestas y nosotros no hacemos caso. Nos dicen: “votamos por confianza (74%), no por liderazgo (26%)”. ¿Qué decía el lema de campaña de diputado del presidente del Partido Socialista? “Un líder para todos”. La gente nos dice: “votamos por la persona, no por el partido”. ¿Cuál fue el lema del PS en las pasadas parlamentarias? “Urgente, vota socialista”. 

 Nos dicen: “la gente que está cerca de los políticos obtiene favores que los otros no obtienen” (78%). ¿Qué dicen los lemas de campaña de varios diputados del PPD? “Juanito te ayuda”, “Pepito te defiende”.

 ¿De qué discuten nuestros partidos? De las plantillas parlamentarias, del pacto con el PC, de la reforma electoral, del financiamiento de las campañas, de cómo viene Jaime, Sergio o Fernando en las encuestas. Y cuando el PPD logra instalar un discurso relativamente coherente, el PS contrataca orgulloso: “formaremos un frente parlamentario junto al Partido Radical”. Simplemente Plop.

 Y la guinda del postre: ¿Qué hacemos cuando se inscriben mal las candidaturas parlamentarias de la DC? Sacamos una ley en 12 horas, mientras otras leyes, como la ley de divorcio, esperan años y años en el Congreso.

 Somos el club de los políticos, y no obstante ese sentimiento es el único capaz de hacer olvidar el clivaje “Sí versus No”, no hacemos nada (y más bien lo contrario), por cambiarlo.

 Las tonteras de los políticos

 Hemos hecho muchas tonteras, eso hay que reconocerlo. Por alguna razón extraña, nuestro espíritu de tres chiflados ha florecido en promedio cada un mes y medio, justamente el tiempo que necesita una persona normal para olvidar un episodio político de menor a mediana relevancia. O sea, los políticos que tienden a pensar “no hay que preocuparse, la gente olvidará esta chambonada en unas cuantas semanas”, tienden a olvidar que la repetición constante y uniforme de una práctica, por minoritaria que ésta sea, acarrea precisamente el efecto contrario: la generalización y construcción de ésta en sentido común.

 Un breve recuento: las indemnizaciones, las explicaciones sobre las indemnizaciones, la salida de Orrego, las candidaturas al Banco Central, la negociación parlamentaria, la inscripción de los candidatos DC (¡¡lejos lo peor!!), la ley que salvó a los candidatos DC, todo el caso Alto Hospicio, el tony del Mac Donald’s y la “combo bacteria”, la salida de Adriana Hoffman, las desventuras de Carocca, la polémica con el Vaticano en la entrevista de TVN, los escándalos de Conadi, la salida del jefe de la Conadi, los escándalos de Indap, los genios de Correos de Chile que se autoimpusieron bonos cuando el horno no estaba para bollos, en fin. Muchas tonteras.    

 Poco bueno concentrado; mucho bueno desparramado

 En conclusión, podríamos llegar a farrearnos un buen gobierno por no saber comunicar lo que éste consiste. Soy convencido de que la Concertación, sin ser perfecta, es la mejor alternativa posible para Chile. Nuestro problema es que tenemos muchas cosas y personas buenas, pero desparramadas y sin orden claro, mientras que la Derecha tiene mucho menos, pero ordenado y sistematizado. Ello nos lleva a cometer desdenes comunicacionales y dar ventaja día a día en la batalla electoral contra la Derecha.

 Es evidente que el mejor momento del Gobierno ha sido, aparte de sus primeros tres meses, las semanas inmediatamente posteriores a la elección parlamentaria. Se manejó muy bien el cambio de gabinete y se colocó figuras carismáticas en Ministerios claves, se metió un golazo de media cancha con la Bachelet en Defensa, y sobre todo, se incorporó un grupo de jóvenes importante a tareas ejecutivas. Es evidente que en caras y estilos nuevos va la cosa.

 Esa es la línea a seguir. Hacer un buen gobierno, cuidar todos sus aspectos y mejorar nuestra imagen. Que seamos nosotros los que defendemos a la gente. Que sea el Príncipe, y no el rico, el que ayuda al mendigo.


Haz llegar tus artículos o borradores de artículo a pdn200@nyu.edu o a milenio_66@yahoo.com Nosotros vamos a trabajar contigo para producir artículos que enriquezcan el debate y lo amplíen a nuevas voces. Mientras antes hagas llegar tu artículo, más tiempo tendremos para ayudarte a producir un texto que enriquezca al ex-Foro Virtual en su reflexión sobre el futuro político que queremos construir más allá del 2005.


Vea los números anteriores de Foro Virtual


Vea nuestros enlaces recomendados


Ultima actualización 20  de agosto de 2002, año sin elecciones


Realizador de la página WEB Ingenio producciones. milenio_66@yahoo.com

                 

 
 
1

1

1

1