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Revista Partisano

 

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¿Las grandes alamedas o las vías exclusivas?

Patricio Navia , Pdn200@nyu.edu, Cientista político, nacido en 1970.

 En su mensaje de despedida del 11 de septiembre de 1973, el presidente Salvador Allende habló de las grandes alamedas. Pero en su estrategia política y electoral reciente, el PS se ha caracterizado por privilegiar más que la apertura de esas alamedas, la garantía de que algunos de las pistas de las alamedas que ha buscado abrir la Concertación sean de circulación exclusiva para el partido. La estrategia electoral del PS durante los 90 parece no haber respondido a una lógica de privilegiar el crecimiento electoral del partido sino más bien a una estrategia de consolidación del voto duro PS. Más que atraer nuevos votantes, el PS de los 90 se ha caracterizado por su incapacidad, o falta de voluntad, por hacer crecer el caudal de votantes que marcan sus votos por candidatos del PS.

 Los partidos pueden diseñar estrategias que dejen contentos a los votantes leales o bien buscar articular mensajes que permitan ampliar el espectro de votantes y ganar adeptos entre aquellos que anteriormente han preferido candidatos de otros partidos. Las dos estrategias son necesariamente excluyentes pues buscan objetivos diferentes. Si uno se dedica a satisfacer lo que quieren los militantes duros, no podrá articular mensajes que apelen a aquellos que no han votado nunca por el PS. Si en cambio uno busca nuevos articular mensajes que atraigan nuevos adeptos, necesariamente terminará siendo criticado por los militantes históricos del partido. La dicotomía es simple e inevitable. Los líderes de un partido serán acusados ya sea de ‘renunciar a los principios históricos del partido y rendirse a presiones electoralistas’ o bien de ‘mirarse el ombligo tanto que son incapaces de articular mensajes que apelen a las grandes mayorías.’

 Es cierto que, llevadas al extremo, dichas estrategias eventualmente pueden llevar al partido a convertirse en una secta de membresía exclusiva o a transformarse en una alianza electoral populista, amorfa  y sin programa, el balance adecuado entre ser un partido purista y ser un partido instrumental pasa necesariamente por maximizar el número de votos que busca obtener el partido sin perder lo esencial de la pureza ideológica. El límite de la estrategia de masificar el mensaje para que tenga llegada a un público más amplio está en el punto en que los electores no saben cuáles son los ideales y principios que defiende el partido. Pero el PS en los 90 ha estado bien lejos de llegar a ese límite.

 El PS ha estado más cerca de convertirse en un partido de puristas aislados del mundo que de transformarse en un partido instrumental preocupado única y exclusivamente de ganar más votos. Sugiero que es hora de comenzar a ser menos puristas y preocuparse más de ganar nuevos adeptos. El riesgo de convertirse en un partido instrumental sin principios ni plataforma ideológica no debiera preocuparnos muchos ahora. La reserva de puristas ideológicos al interior del partido se hará cargo de evitar que dicha amenaza se convierta en un problema real. No obstante, el riesgo de convertirse en un partido irrelevante que se conforma con un papel secundario en la política chilena es mucho más real a comienzos del 2002.

 Un partido purista que se achica

Las elecciones se pueden medir tanto en votos como en escaños. Al utilizar cualquiera de esos criterios para evaluar al PS, las conclusiones son similares.  Durante los 90, el PS ha sido un partido en decadencia. Aunque su caída no ha sido tan estrepitosa como la observada por el PDC, la tendencia electoral del PS es similar a la observada por sus socios de alianza.

 En las parlamentarias de 1993, el PS obtuvo el 11,9% de los votos, superando apenas al PPD y pasando también apenas la barrera de los 800 mil votos.  Cuatro años más tarde, el PS bajó su votación a 11,1%, quedando por debajo del 12,6% del PPD, y cayendo por debajo de la barrera de los 650 mil votos. En las recientes elecciones parlamentarias, el PS apenas obtuvo un 10% de los votos, casi 3% menos que el PPD, y manteniéndose apenas sobre la barrera de los 600 mil votos.

 En lo que respecta a parlamentarios, el PS escogió 12 diputados el 2001 (incluyendo a Iván Paredes, que fue como independiente), uno más que en 1997 y 4 menos que en 1993. El PS logró que sus 4 candidatos obtuvieran un escaño en la Cámara Alta, a diferencia de 1997, cuando sólo uno de los 5 candidatos a senadores PS logró salir electo. Así, el PS tiene hoy 5 senadores, uno más que en 1997. Pero la presencia de los parlamentarios PS en la Cámara se ha mantenido por debajo del 12% tanto en el Senado como en la Cámara desde 1993.  A diferencia del PPD, que pasó de 14 diputados en 1993 a 16 en 1997 y a 22 el 2001, el PS parece tener un techo muy claro y definido en la cantidad de escaños que aspira o puede obtener.

 En parte, la escasez de parlamentarios PS se debe a las malas negociaciones de candidaturas que ha hecho el partido con sus socios de la Concertación. La desastrosa estrategia electoral de Camilo Escalona en 1997, cuando sus 178 mil votos superaron por apenas 3 mil votos a la candidata del PC Gladys Marín en la circunscripción senatorial de Santiago Poniente, queda en evidencia cuando se considera que los candidatos a diputados PS-PPD en la misma circunscripción obtuvieron 295 mil votos. La candidatura senatorial de Escalona le costó al PS entregar un número no despreciable de distritos al PPD a cambio de la posibilidad de hacer el ridículo en Santiago Poniente.  Es cierto que el PPD no escogió ningún senador en 1997, pero pasar de 14 a 16 diputados significó convertirse en el socio mayoritario de la alianza PS-PPD dentro de la Concertación.

 Si la tesis original del PS a comienzos de los 90 fue que el PPD terminaría siendo absorbido por el PS, la única fusión política posible hoy entre los dos partidos de izquierda de la Concertación es la absorción del PS por el PPD. Después de una década, el pez chico PPD se podría terminar de comer al pez grande PS.  Eso podría no ser tan malo para la izquierda de la Concertación. Se consolidaría un partido socialdemócrata fuerte y se moderaría el discurso, logrando así apelar a un número más grande de electores.

 Pero si los militantes del PS todavía creen que el partido de Allende tiene algo que ofrecer al electorado nacional diferente a lo que ofrece el PPD, el desafío actual consiste en revisar las estrategias electorales utilizadas durante los 90 y adoptar tácticas nuevas que permitan llegar más allá de los conversos a un electorado que durante los 90 no quiso, no se atrevió o no se animó a votar PS.

 La forma en que se adopte esa estrategia debe estar sujeta a discusión y escrutinio, pero la decisión de salir a buscar nuevos conversos y no quedarse encerrados en las cuatro paredes del partido pontificando sobre lo que está mal en Chile y lo que no se ha hecho bien debe ser tomada con anterioridad al diseño de la estrategia. Primero hay que estar convencidos de que hay que salir a buscar nuevos conversos, después se pueden empezar a abrir las puertas del partido al 90% de los electores que no votan PS.


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